Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de diciembre de 2010



LA FÁBRICA DE POETAS - Nº 71-
-2ª época-

revista virtual de poesía
15/12/2010

Coordina: Alejandra Menassa de Lucía



Jean-Honoré Fragonard - La lettre d'amour



NUESTRO PRÓXIMO ENCUENTRO

A veces cuando la lagrima palpita.
Cuando el estomago se contrae, y en
la cara se forma el rictus del espanto.
Cuando el suelo desaparece bajo mis pies,
la fuerza de la palabra me eleva
por encima de la niebla, y como el vientre
de una madre, el mundo me acoge en su seno.
Así entre libros buscando palabras nuevas,
con una copa de vino,
brindo por nuestro próximo encuentro.


Carmen Parra.



SOY UN NAUFRAGO DEL TIEMPO

Móviles suplicatorias semejantes a imágenes humeantes
alojan adelantadas voces que se escuchan desde hondos
promontorios donde palidece el galáctico fulgor que extingue
nuestro naufragio.
Un mundo en llamas agita sangres convocando satélites
en la ruina congelada que se agita en diluvios otoñales
como coagulada miel adormecida en la nutriente luz dividida.

Han de surgir pulsos en las gargantas tambaleantes en la noche estrellada

La vejez delira ensartada en rayos lustrosos que danzan de rabia
sobre la agónica luz.
Un fluir de leche derrama huellas de pie descalzo alrededor de mundos
que abrazan la carne cuando las montañas encierran huesos
de vientos que dejaron se soplar.
Atento a los arañazos que enroscan pétreos delirios
la raíz de la palabra revela sus claves en mi lengua.
En benévola tierra descanso agazapado un minuto
aprisionado entre dos noches sombrías.


Fernando Ámez Miña

miércoles, 1 de julio de 2009

LA FÁBRICA DE POETAS - Nº22-
revista virtual de poesía
01/07/2009
Coordina: Alejandra Menassa de Lucía
"Puentes Invisibles" de Miguel Oscar Menassa
Tu triste nombre en la feliz orilla

A todos aquellos a los que les arrebató la vida un ser querido a destiempo
También a la memoria de Eduardo Antonio Puelles García

Suena la voz de tu desconocida ausencia
Pronunciando los avatares de tus miembros
Caminan ausentes los signos a tu pecho colgados
Son torpes las manos que los pueblan
Y vastas las orillas que los delimitan
Tristes las marcas que nos anuncian su muerte
Cálido el fin que nos presagia cada día nuestro comienzo
Blandas las carnes de la misericordia vana
Candorosas las lágrimas del entierro oculto
Negras y grises las lágrimas de la viuda
Blanca y carmín la foto sobre la lápida
Grande el orgullo, pequeño el mito imposible
Blanda la pena, duro el corazón
pertenencia amarga al doloroso grupo
amplísimo el camino
Fúnebre el paseo de los cuerpos
Grande el recuerdo, valiente la sonrisas y los besos
Cálido el abrazo, frío y amargo el último paseo.

M. Carmen García Mateos

"Espacio en vuelo" de Miguel Oscar Menassa.



Más suave que el delirio de la tierra

Las noches transcurrieron reposadas
en un relente de anhelos envejecidos,
nadie pronunció palabra.
Yací inconmensurable y vacía
envuelta en pieles exquisitas de rumiante decadencia.
Las voces se recostaron comprimiendo cada rizo,
aprisionando sin mesura,
locas de vanidad y encanto,
libertad de sogas y cuchillos de la malograda existencia.
Cómo conseguir la realidad inmiscuida,
cómo respirar en cada pozo del hombre para alcanzarte.
Esta soledad no será cómplice de ningún llanto,
ni soportará la incertidumbre de la no despedida.
Diré adiós cuando te mire absorto y confuso,
y te volveré a mirar dos veces más
agitando mi cuerpo lentamente
en la suavidad del odio de mis besos,
con todo el goce de mi frágil deseo.
Cuándo llegaré a tu puerta a absorber de un suspiro milenario
el tiempo de mi tiempo, en el delirio de la tierra,
cuándo.
Este dolor es insoportable,
no quiero despertar tu sueño con un grito,
ni arrancar a pedazos los versos escritos,
ni morir relegada a las últimas filas del placer furtivo de unas risas,
no quiero.
Déjame estar quieta e insomne,
abrir ventanas y tirar todo el mundo,
todo mi mundo abajo.
Amor cómo explicarte que no soy yo,
¿no lo ves?,
se abalanzó sobre mí esta torpe y desmedida ceguera,
callada para esconder todos los cauces
que irrefrenables desembocaban en tu mirada.

Susana Lorente Gómez


"Entregué mi canto" de Miguel Oscar Menassa


Acaso esperas un sueño?

Conocerte fue casi un milagro,

esperaba la noche para verte venir,

adolescentes gemidos escapaban de mis labios,

entre las sabanas un diminuto cuerpo respiraba agitado.

Que bello sueño, carne y huesos

mordiendo la noche,

desatando pasiones,

henchidos los senos,

Y tú me preguntas si espero un sueño?

Carmen Parra

"El hombre que soñaba demasiado" de Miguel Oscar Menassa


Heladas angustias

Heladas angustias
hacen de mi sangre
gotas de cristal
venas yertas
gemidos néctares
que buscan el salitre buceador.

Inclinado surco que difunde ciego
el temor senescente
de obtusas claridades
que no me alcanzan.

Turgente vuelo de evanescentes crisálidas
encrucijada de alas
mis pulsos
ya no responden a sus pausas.

Rosa Puchol

"Los brillos de la noche" de Miguel Oscar Menassa



La ciudad es melancólica y familiar

Velada de luto su más íntima mirada
la ciudad parece dormida
virgen ante la muerte del Sol
amante amputado sin remedio alguno.

Tenue y temblorosa
cual ángelus atrapado en manos en cinta
la ciudad abraza díscolos goces
y encubre a tientas ciegos que la huyen en sueños.

Escondida en las sombras del destino,
prefiere no verse envuelta en las reyertas
cuando los gitanos de pieles verde aceituna
enfurecidos, protegen a hierro a su amada luna.

¡Les cede una calle vacía y envuelta
de luna senil que cabalga impura!

Perdida en el monte de los suspiros
la pobre dulce mira a los ojos del cielo oscuro
con sutileza perfecta sobre escombros de amargura
escupe habitantes que pisan su violenta tierra.

Marionetas clavadas a elixir del tiempo
tejiendo sus hilos vestidos en cueros
a un mundo gastado deambula perdida.

Ciudad de los gritos yermos,
de los castos presagios e indecisos rumbos
ciudad incandescente al desconcierto
ciudad melancólica, violada, desnuda.

Virginia Valdominos

"La barca del olvido" de Miguel Oscar Menassa

El hombre acecha
Como surgimiento inconcluso
de perecedero vértice nuclear
se viene depositando
tras paredes palpitantes de locura
este caudaloso arenal
de impostura subida de tono.
Figuras sonoras trascienden
pequeñas galaxias femeninas
y un dosel de triquiñuela
confirma tu ausencia precipitada
a despecho de áureas vírgenes
soñadas en noches difuntas.
Una trastienda iluminada de sesgo
por inquietantes sierpes
transmutada de acoso granítico
por voluntades lúbricas
acoge al que nada sabe
cuando este hombre que acecha
levanta la cabeza
al viento de futuro.

Fernando Ámez

"Remolino de amor" de Miguel Oscar Menassa














miércoles, 27 de mayo de 2009

LA FÁBRICA DE POETAS -Nº 17-


LA FÁBRICA DE POETAS - Nº 17-
revista virtual de poesía
27/05/2009
Coordina: Alejandra Menassa de Lucía
“Celebración” de Miguel Oscar Menassa.



UN HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO

Con su andar de isla caribeña
menea el torso al son de la última parranda papayera.
Todavía el pantalón heredado por tres generaciones
arrastra los jirones dejando una huella indescifrable
en el recorrido tortuoso de sus pasos,
como antaño hicieron los antepasados.

Cabellera de musgo,
gesto embebido,
labios insolentes, frescos, apetecibles y furtivos,
sudor de mar,
manos de cal.

La fiesta se prolongó hasta el amanecer,
las primeras luces de la mañana iluminaron un relente reposado,
calle ungida a trompicones por el asfalto,
mezcla regurgitando aroma etílico y momentos de placer solapado.

Ese día el aire se desentumeció con los canturreos de la mañana,
y corrió un rumor de promesas
poco a poco diluidas por el calor húmedo de las almohadas.

Pasaba, con el albor del sol a la espalda,
como nadie y como otro,
lejano e impune, dueño de vida ajena,
recorriendo la cuesta en bajada con un pan al hombro,
y dejando que aquella pendiente, que aquello pendiente,
acechara el destino esquivo e incierto de su querido,
venero de cloaca, arrabal.

Susana Lorente


"Alegría de la vejez” de Miguel Oscar Menassa.



DE UN SOLO TRAGO

Levanto mi copa,

brindo por ti mujer,

por tus atardeceres rojos,

por tus noches de verde intenso,

por tu sonrisa espontánea , y el brillo de tu mirada.


Porque sí,

sin más razón que la de abrazar la vida,

por haber llegado hasta aquí,

al corazón del poema.

Carmen Parra


“Visión” de Miguel Oscar Menassa.

MORADORES DEL POLVO

Desnudas el poniente,
lo vacías de nubes, de viento y de bosques
para encontrar una certeza que no existe ya.
Buscador de palabras
resbalas
impasible
a orillas de la luz.
Te asomas a la noche
que se apoya sobre tu pecho
y te recorre
y te envuelve
y es tu propio dolor.
Buscas tu perdida languidez
entre los moradores del polvo.
Y ahora vas, traspasado difunto,
por las aguas ya desvanecidas.
Viajas hacia el esternón de tu memoria
y no percibes tu mano
detenida
sobre la inexplicable tierra.

Rosa Puchol

“Nacimiento” de Miguel Oscar Menassa.


TRAS LA TERNURA

Será la fina lluvia que envuelve tus caderas
El gris tremendo que roza tus pieles muertas
Las finas gotas de vida que golpean tus ojos
Serán las flores secas que viertes a los pies del charco.

Golpes y golpes de vida que crujen contra mis piernas abiertas
Velos carnosos que resbalan por la trenza eterna de la historia de amor plena
Cuentos sin final que avanzan día a día a la sombra de la espera.

Te amo con rodillas clavadas en la arena
Delgadamente bella la inmensidad que nos separa,
expresamente eterna, la condensación de nuestras almas.
Unión pura y perfecta, trabajo pleno de corazones fuertes
Amor furioso de caricias suaves de brotes que siempre empiezan.

Canto por ti mi alegría, por ti, por mí resuena
Elevo mi voz al vuelo de nubes blancas que en su vagar se estrellan
levanto con planta hueste de alas que se baten en despedida,
bienvenida tenue de almas que de nuevo se encuentran ensimismadas de caricias
amadas almas que rozan sus plumas de cariño inmenso.

Quiero que crezcas conmigo y sin mí en la quimera,
quiero que me hagas inmensa
nacer de tu ser unidos
cada madrugada nueva esperanza,
forjada de nuevas veredas.

Virginia Valdominos

“Más allá de los cuerpos” de Miguel Oscar Menassa.


ROTO EL SILENCIO

Me fui acostumbrando
ciegamente
al vaivén sonoro
derramado
con insistencia
sobre el pulido metal
inocente.
Un cálido rumor
de oscuros
vientos engendrados
en lo hondo
desemboca
momentáneo
sobre los ojos
cerrados
de una estrella.
Ponía en mi mano
la tierra
salvaje
de otras galaxias.
acariciaba
con ellas
la negrura última
de aquél sueño.
Pájaro
de infinito viento
cercando en su vuelo
este paisaje agrio
donde desvelo mis últimos ponientes.

Fernando Ámez

“Playa de abril” de Miguel Oscar Menassa.



Y TE CUBRIÓ LA ETERNA SOMBRA LARGA

La ceniza llueve sobre mis ojos
No me deja ver la eterna luz
Cubre mis pies en su viaje
Las rodillas son su meta
Acaricio la suavidad de su rostro
No veo la malicia de su progreso
Avanza en la suavidad de mi piel
Ya recubre los muslos de mi memoria
Embriaga con su suavidad mi pecho
Camina por el gris de los sentidos
Se estrecha, se ensancha
Cuando el color se arruga, se hace tenue el gris
Se hace tenue el rojo vivo
La sangre apenas se hace encarnada
Coagulo el alma antes de dejarte
Antes de partir, me permito decirte
Algún día cuando la rabia te abandone
Allí estaré, allí te espero.

M. Carmen García Mateos

“Floreciendo el amor” de Miguel Oscar Menassa.